Dr. Emilio Merhe, Maestro Chileno de Urología
“Mi mayor alegría es haber conseguido la amistad de miles de personas, pacientes y colegas”
Las circunstancias de la vida lo llevaron a marcar hitos en diferentes áreas de la urología. Su casa madre fue el Hospital José Joaquín Aguirre, donde trabajó 45 años. Ingresó como becado y se jubiló como Jefe del Servicio de Urología de ese recinto clínico. Además, viajó por todo Chile llevando las técnicas quirúrgicas.
Su familia quería que fuera ingeniero porque era un niño muy creativo. Pero a los 11 años el Dr. Emilio Merhe encontró un libro que mostraba en detalle una célula, lo cual le llamó poderosamente la atención. “El último capítulo de este libro era un apéndice de términos griegos y latinos que me enseñaron el significado de las palabras y esto me orientó definitivamente hacia la medicina”, confiesa.
Finalmente estudió medicina en la Universidad Nacional de Córdoba en Argentina. Una vez que finalizó su Pregrado, tenía claro que quería dedicarse a la cirugía en general y fueron unos amigos médicos quienes le recomendaron la urología por tratarse de una especialidad amplia donde tenía que trabajar con intestinos, vasos sanguíneos, cirugía plástica, reconstructiva y endoscopia.
Ya trabajando en un Servicio de Urología en Córdoba conoció a un par de urólogos que se habían formado en Chile y decidió hacer lo mismo. “Escribí a la Escuela de Graduados de la Universidad de Chile y aceptaron mi solicitud para hacer urología en el Hospital José Joaquín Aguirre de la Universidad de Chile con el profesor Roberto Vargas Salazar”, recuerda.


Hitos de su carrera
Las circunstancias de la vida lo llevaron a desarrollar distintas actividades dentro de la especialidad. “En 1968 en mi servicio del Joaquín Aguirre teníamos 70 camas de hospitalizados, de las cuales la mitad estaban ocupadas por pacientes con tuberculosis urinaria. Llegaban típicamente con un riñón mastic, otro riñón con daños cicatriciales y una microvejiga. Eso hizo que efectuáramos muchas nefrectomías y operaciones reconstructivas de riñón y ampliaciones vesicales con intestino y neoimplantes ureterales, lo que nos dio mucha expedición en el manejo de intestino, permitiéndome desarrollar una técnica personal, en cáncer vesical infiltrante, la vejiga continente ortotópica, o enterocapsuloplastia.
Añade que en esa época también era común la complicación de la gonorrea, cuyas secuelas eran las estrecheces uretrales y la mayoría de los urólogos no se dedicaban al tema porque los resultados eran malos. “Ahí pude desarrollar una técnica con colgajos pediculados de piel de pene o de escroto con bastante buen resultado”, dice.
Asimismo, el Dr. Merhe recuerda que en esa época cerca del 70% de los pacientes que se sometían a una operación por cáncer de próstata quedaban incontinentes. “Para ello desarrollé un colgajo tubolorizado de vejiga. Después por un par de casos que tuve estrechez de este colgajo, decidí por la preservación del esfínter interno de la vejiga”.
En cáncer de testículo también hizo lo suyo. “Los pacientes generalmente llegaban en etapas avanzadas con grandes masas abdominales metastásicas y en esa época los enfermos se abrían, se comprobaba la masa y se cerraban. Fui el primero en extirpar estas grandes masas en un intento de citurreducción para complementar con quimioterapia”.
Por otra parte, cuando llegó la cirugía percutánea para litiasis urinaria le interesó muchísimo el tema. Viajó a España y en el Hospital de Madrid del profesor Martínez Piñeiro vio unos cuantos procedimientos y volvió a Chile a iniciar esta cirugía.


Todo por el paciente
El Dr. Merhe confiesa que la principal motivación de su carrera siempre fue el bienestar del paciente. “Nuestra labor es acogerlo, explicarle, tranquilizarle, de manera que la motivación fundamental es esa, atender adecuadamente a una persona enferma”.
Señala que el nombramiento como Maestro Chileno de la Urología lo toma con humildad y agradecimiento. “Pero nada de lo que hice fue pensado en un reconocimiento de este tipo. Mi mayor alegría es haber conseguido la amistad de miles de personas, pacientes y colegas con los cuales colaboré en su formación”.
A su vez, destaca el desarrollo alcanzado por la nueva generación de urólogos y urólogas y, por lo mismo, tiene mucha esperanza en el futuro.
“Podría darles algunos consejos a las nuevas generaciones, amar mucho a su profesión y especialidad como partida, pero les aconsejaría fundamentalmente que trabajen la relación con las otras especialidades. Que comenten los casos con el anatomo patólogo, con el radiólogo, traumatólogo o ginecólogo según el caso. Es importante hacerlo y se aprende mucho. Además, que completen su formación en la cirugía convencional urológica antes de pasar a las técnicas nuevas, porque siempre van a tener o una falla de equipo o una complicación que los va a obligar a volver a la cirugía convencional”.