Dr. Pedro Martínez. El 17 de octubre falleció este querido y respetado maestro de la urología, de carácter severo, exigente, se entregaba a sus pacientes en cuerpo y alma.
Homenaje póstumo y legado del Dr. Pedro Martínez Sanz

El 17 de octubre falleció este querido y respetado maestro de la urología, quien con 29 años ya figuraba como jefe de servicio de la especialidad en la Pontificia Universidad Católica. De carácter severo, muy exigente, le gustaba que las cosas se hicieran a su manera, y se entregaba a sus pacientes en cuerpo y alma.
El Dr. Pedro Martínez estudió medicina e hizo su beca de cirugía en la Pontificia Universidad Católica. Y, por un convenio entre el ministerio de Salud y la universidad, se fue –junto a otros médicos cirujanos generales– a desarrollar sus primeros años de ejercicio al Servicio de Salud de Talca.
Regresó a Santiago en 1968 y se incorporó al Departamento de Cirugía de la Católica, que en esos años incluía al servicio de urología, y que entonces se concentraba más en genitales y tuberculosis urogenitales.
Al poco tiempo de su incorporación y con tan solo 29 años, el Dr. Martínez ascendió como jefe de la Unidad de Urología. Y, en conjunto con el Dr. Luis Martínez, empezaron a agregar cirugías más grandes a la urología, como la de abdomen, por ejemplo.
Ambos tenían las herramientas para embarcarse en cirugía mayor. De hecho, el Dr. Luis Martínez armó la cirugía experimental en animales, realizando más de 200 trasplantes renales. Por tanto, practicar esa intervención en el hombre pareció una tarea muy sencilla.
El 29 de julio de 1970, en el pabellón 3 del Hospital Clínico, los doctores Luis y Pedro Martínez hicieron el primer trasplante de riñón en Chile y con un donante vivo.
Amplió perspectivas e incorporó nuevas técnicas
Al año siguiente, en julio de 1971, gracias a la colaboración del gobierno francés gestionada por el doctor Juan Dubernet, vino a Chile una delegación de médicos franceses integrada por el doctor Jean Marie Brisset y dos nefrólogos parisinos.
Más tarde, los doctores Pedro Martínez, Luis Martínez, Cristián Trucco, y Arturo Dell`Oro, permanecieron cada uno durante seis meses en la Clínica de la Porte de Choisy, París.
A su regreso a Chile, este grupo implementó la cirugía renal abierta de los cálculos y, en los años posteriores, comenzaron con las prostatectomías radicales para los cánceres de próstata.

Severo, exigente, muy generoso y leal
“Era un hombre de carácter severo, súper exigente, pero, a la vez, muy generoso; se preocupaba por uno, de que aprendieras, de enseñarte distintos trucos, transmitir su experiencia. Muchas veces me tocó operar para la Pascua o Año Nuevo, y él llegaba a acompañarme. Era un formador, un maestro, y te apoyaba en las buenas y en las malas. Eso sí, le gustaba hacer las cosas a su modo, como él estimaba debían hacerse, no había dos voces”, comenta el Dr. Arturo Dell’Oro, quien fue su discípulo y a quien conoció cuando pequeño. Su padre, el Dr. Raúl Dell’Oro, además de trabajar con el Dr. Martínez, fueron siempre muy amigos.
Otro de sus discípulos fue el Dr. Luis Ebel, quien cuenta que fue el Dr. Martínez quien lo entusiasmó para seguir la especialidad y más tarde lo guio sobre los caminos a seguir. “Me marcó su cercanía. Él tenía fama de muy serio, generaba mucho respeto, pero conmigo fue muy cercano. A pesar de la seriedad y rigurosidad, en lo humano era afectuoso, cariñoso, bueno para conversar, contar historias y reírse”, recuerda.
Compromiso absoluto con los pacientes
Quienes lo conocieron, se refieren al Dr. Martínez como un médico de cuerpo y alma, entregado a sus pacientes en plenitud. Su escuela fue siempre hacer las cosas bien y ser responsable con el paciente, tranquilizar a la familia y estar ahí disponible para ellos. Un compromiso absoluto y así formó a sus discípulos.
“Lo típico era que uno operaba con él, terminabas agotado, ibas a comer algo, y él te llamaba a la hora para que fuéramos a ver cómo estaba el enfermo. No se iba del hospital hasta que el paciente saliera del pabellón, luego de recuperación y se trasladara a la pieza. Hacía el círculo completo y exigía lo mismo a sus becados. Había que estar encima de los enfermos 24/7”, rememora el Dr. Dell’Oro.
Navegante y escritor
Enamorado del mar, era un gran navegante de velero. Tenía su barco que se llamaba Viento Sur. También era un apasionado por el caballo, el campo y el rodeo, producto de sus años en Talca.
Otro de sus hobbies era la literatura. Escribió varios libros, entre ellos El volcán me lo contó, donde habla del mundo de los caballos. También novelas sobre la Patria Nueva, y otra que se llamaba Del mar y de las islas, saga chilota, y que publicó en la década de los 90.