La ceremonia en que se otorgó la distinción “Maestro Chileno de Urología” -galardón más importante de la urología nacional- al Dr. Octavio Castillo, se convirtió en uno de los momentos más emotivos del Congreso Centenario SCHU. Al recibir su reconocimiento, el homenajeado pronunció un discurso que conmovió profundamente a toda la audiencia. A continuación, presentamos un extracto de sus palabras.

Filial de Urología Pediátrica SCHU

Transición del paciente pediátrico al adulto: el desafío de una atención integral

Urólogos pediátricos y ginecólogos infanto-juveniles trabajan de manera conjunta para enfrentar el nuevo escenario generado por la normativa ministerial que amplió progresivamente la edad pediátrica hasta los 18 años. La Dra. Constanza Ralph, ginecóloga infanto-juvenil de la PUC, destaca que esta transición requiere fortalecer la capacitación de los equipos de salud y consolidar un modelo de atención multidisciplinario.

Mayor preparación de los profesionales que trabajan en servicios de urgencia, implementación de policlínicos de transición y fortalecimiento del trabajo conjunto entre urología pediátrica y ginecología infanto-juvenil son algunas de las medidas propuestas desde la Filial de Urología Pediátrica de la Sociedad Chilena de Urología para enfrentar la ampliación de la edad pediátrica establecida por el Ministerio de Salud en 2024. La normativa determinó un aumento progresivo de esta edad: durante 2025 se extendió hasta los 16 años, en 2026 llegará hasta los 17 años y en 2027 alcanzará los 18 años.

La Dra. Constanza Ralph, ginecóloga infanto-juvenil de la Pontificia Universidad Católica, aborda los principales desafíos y oportunidades que plantea este cambio.

¿Cuál es el principal desafío de la ampliación de la edad pediátrica en relación con la urología y la ginecología infantil?

El principal desafío es fortalecer la capacitación de los equipos, especialmente en los servicios de urgencia, porque comenzaremos a recibir una población de mayor edad que requerirá atención y que actualmente no siempre cuenta con profesionales preparados en aspectos relacionados con sexualidad y salud reproductiva.

En este escenario, es fundamental capacitar adecuadamente a los equipos para que puedan atender a estos pacientes con seguridad, conocimiento y comodidad.

¿Qué es lo más positivo de este cambio?

Esta modificación permitirá que esta población tenga más tiempo de acompañamiento dentro del sistema pediátrico. En particular, desde la ginecología infanto-juvenil, nos da la oportunidad de educar más a nuestras pacientes, fortalecer su autonomía y empoderarlas respecto de sus condiciones físicas y de salud que las acompañan.

También permitirá preparar de mejor manera la transición hacia la vida adulta, entregando herramientas para que conozcan su salud sexual y reproductiva y participen activamente en sus propios cuidados.

¿Por qué es importante incorporar a otras especialidades médicas?

Todavía existe una brecha importante en la atención ginecológica infanto-juvenil dentro de los servicios de urgencia infantil. Muchas veces son los cirujanos pediátricos quienes deben abordar patologías ginecológicas, por lo que nuestro rol es apoyarlos, capacitarlos y entregarles herramientas para que puedan enfrentar de mejor manera esta nueva población de pacientes. 

El trabajo colaborativo entre especialidades permitirá una atención más integral y oportuna.

 

¿De qué se trata el policlínico de transición propuesto desde la Filial de Urología Pediátrica?

Es fundamental contar con un policlínico de transición entre la urología pediátrica y la urología del adulto, incorporando también la mirada de la ginecología infanto-juvenil.

Esto es especialmente relevante para pacientes que desde edades tempranas presentan problemas genitourinarios, muchas veces asociados a malformaciones genitales, urológicas o müllerianas, que pueden estar relacionadas con alteraciones de la vía urinaria.

Durante la infancia y adolescencia, estas pacientes requieren un acompañamiento integral que incluya orientación sobre sexualidad, reproducción y ciclo menstrual. La transición a la adultez debe realizarse de manera planificada, acompañada y segura.

¿Cómo debiera ser el trabajo conjunto entre ginecología infanto-juvenil y urología pediátrica?

Para fortalecer el trabajo multidisciplinario entre ambas especialidades es importante comenzar desde etapas tempranas de la vida. Cuando se detecta un problema anatómico, como una extrofia vesical, una cloaca, malformaciones genitourinarias o variantes del desarrollo sexual, el abordaje debe ser coordinado desde el inicio.

Una estrategia fundamental es trabajar en equipo precozmente, permitiendo dar continuidad a la atención a lo largo del tiempo. De esta manera, cuando llegue el momento de la transición a la adultez, la persona se sentirá acompañada, segura y contará con los conocimientos necesarios para manejar su condición de salud.


¿Cuáles son las situaciones urológicas más frecuentes durante la infancia?

Las principales alteraciones urológicas infantiles están relacionadas con la vía urinaria. Existen pacientes que consultan por infecciones urinarias recurrentes, dolor al orinar, incontinencia urinaria o dificultades para vaciar adecuadamente la vejiga.

También existe un grupo importante de pacientes con malformaciones urinarias.

En este contexto, es importante recordar que entre un 30% y un 50% de las pacientes con malformaciones müllerianas pueden presentar asociada alguna alteración urinaria.

¿Qué síntomas requieren valoración por un urólogo pediátrico?

Desde la perspectiva de la ginecología infanto-juvenil, existen algunos signos que deberían motivar una derivación precoz a urología pediátrica.

Entre ellos se encuentran las niñas con infecciones urinarias recurrentes, aquellas que no responden adecuadamente a los tratamientos iniciales, antecedentes de sangre en la orina sin una causa clara, asociación entre malformaciones müllerianas y genitourinarias o presencia de escapes de orina.

También el dolor pélvico puede ser un motivo de evaluación conjunta, ya que muchas veces puede tener un origen urológico y no exclusivamente ginecológico.

¿Cómo debe realizarse un seguimiento conjunto entre ambas especialidades?

Las condiciones que requieren seguimiento conjunto corresponden principalmente a pacientes con malformaciones genitourinarias complejas, como extrofia vesical, cloaca, espina bífida, antecedentes de trasplante renal o cirugías complejas de la vía genitourinaria.

También es fundamental el trabajo conjunto en pacientes con variantes del desarrollo sexual, ya que requieren una mirada integral que considere aspectos anatómicos, funcionales, hormonales, reproductivos y de calidad de vida.

¿Cuáles son los errores diagnósticos o de manejo más frecuentes?

En este grupo etario, muchos de los errores no necesariamente tienen relación con la falta de conocimiento médico, sino con la forma en que abordamos la consulta.

A veces existen dificultades para conversar sobre sexualidad, reproducción o fertilidad, lo que puede limitar la información necesaria para realizar un diagnóstico adecuado. Es fundamental generar espacios de confianza donde los pacientes puedan expresar sus dudas y donde los profesionales puedan realizar preguntas que permitan comprender mejor cada situación.

Por ejemplo, frente a una infección urinaria recurrente, si no se pregunta sobre el inicio de la vida sexual, se puede pasar por alto un factor relevante en el origen del problema.

En niños y niñas con malformaciones genitourinarias importantes, durante muchos años el principal objetivo fue lograr que tuvieran una mayor sobrevida. Hoy, cuando ese desafío ha sido superado, debemos avanzar hacia una atención que también se preocupe de su calidad de vida, sexualidad, reproducción y bienestar integral.

En este proceso, la ginecología infanto-juvenil cumple un rol fundamental para acompañar la transición desde la infancia hacia la adolescencia y posteriormente hacia la adultez.